Llevamos décadas enseñando a los niños lo mal que deben sentirse ante determinadas conductas consideradas negativas, en vez de favorecer conductas que den ejemplo, conductas valor. No se trata de explicar qué es el bien o el mal, sino de ser buena persona.

En los últimos años, estamos viendo cómo se potencia el mensaje de encontrar la felicidad en la escuela, que el objetivo de los maestros debe ser que los niños sean felices para aprender mejor y desarrollarse como persona ¿pero es tan fácil?
Lo importante en este época es enseñar a los estudiantes a conocer y gestionar sus emociones para lograr la felicidad, pero cada persona tiene su idea de lo que es la felicidad y por tanto es difícil conseguirla como tal. Si aprendemos a gestionar las emociones y ser más optimistas ante situaciones conflictivas para nosotros conseguiremos serlo.
Intentamos crear una sociedad en la que sus pequeños ciudadanos tengan autoestima, autocontrol, habilidades sociales que permitan que en un futuro no muy lejano sean adultos comprometidos y felices.
Es complicado dejar a un lado la mera transmisión de conocimientos, pero la felicidad la debemos trabajar de forma transversal a todas las asignaturas.
Para ver como se trabaja partiendo de la felicidad de los alumnos os recomiendo el libro de César Bona “Las Escuelas que Cambian el mundo”.  Un libro en el que recorriendo las “Escuelas Changemaker” en España,  César se da cuenta que no hace falta ir a Finlandia para ver como se lidera la verdadera transformación educativa en nuestro país. Se trata de escuelas que se centran en enseñar cosas útiles para la vida diaria, basándose en la felicidad de los alumnos/as y no por ello dejando de transmitir conocimientos. 

Por este motivo y coincidiendo con el día Internacional de la Felicidad os dejo un recurso de Santiago Moll en el que nos muestra 10 mini trucos para regalar felicidad a los alumnos.


Además Tiching nos deja 15  geniales recursos para trabajar la educación emocional en el aula de Infantil, Primaria y Secundaria.

La felicidad es interior,  no exterior.  Por tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos

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